miércoles, octubre 27, 2010

Daños colaterales

Cuando a los 17 años me metí en el grupo de teatro del instituto fué por pura tontería.

Mi profesora de Literatura era también la encargada del montaje teatral de fin de curso y un amigo y yo decidimos apuntarnos para subir nota. Va, corrijo, él para subir nota, yo para intentar pasar de ese 6 constante que aparecía en mi cartilla cada trimestre y que, como no me gustaba estudiar, no había forma de transformarlo en un mísero 7 siquiera.

Es irónico, ¿eh? que un actor no le guste estudiar, con la de textos que pasan por sus manos entre dramas, comedias, musicales, tele, cine, el listín telefónico (ah, no ese no)...

En el mismo instituto, recuerdo que apareció un tipo y nos hicieron reunirnos con él. Nos explicó que era muy aficionado al teatro y que quería montar un grupo profesional en el pueblo y que, si a alguno nos apetecía, podíamos formar parte. Poco tiempo después ahí estaba yo, estudiando una vez más y preparando nuevos montajes, digamos, semi amateur (o semi profesionales, cada cuál que lo lea a su gusto) de diferentes temáticas: empezamos con denuncia social y acabamos con una obra de terror con diferentes relatos cortos de Edgar Alan Poe, Stephen King y no sé cuantos más. Mientras montábamos cosillas con Atika (así nos pusimos), la asociación de padres de un colegio quiso formar un grupo de teatro y ahí fuimos de cabeza Jose Mari y yo; éramos los dos únicos actores que no teníamos nada que ver con el colegio y con ellos, elegíamos las obras y ensayábamos con ellos para ayudarles e indicarles un poco ya que ninguno había hecho teatro nunca.

Luego, como era poco curro (ironia mode ON), empezamos a trabajar juntos en Cadena Dial con un programa de humor en donde, la verdad, hacíamos lo que nos daba la gana (hasta "grabamos" una psicofonía falsa para gastarle una broma a un compañero) y yo, mientras, seguía en el instituto sin dar mucho palo al agua, la verdad.

Luego vino un amago de vivir en Madrid, la vuelta al pueblo al comprobar lo difícil que era todo en aquella ciudad imposible y agotadora y el intento por acabar el COU de la manera más decente posible.

Acabó ese año y, ahora sí, me volví a la capital.

Entré a estudiar en una escuela privada (de las cuatro mil que hay allí) donde empecé con más ganas de las que acabé, para qué engañarnos. Cursé interpretación, canto, baile, esgrima e improvisación y, mientras tanto, hacía teatro los fines de semana. La escuela disponía de un pequeño escenario y las noches de los viernes, sábados y domingos los propios alumnos hacíamos montajes teatrales a público abierto para coger tablas. Al principio no cobrábamos, pasábamos la gorra la final del espectáculo y cada persona colaboraba con lo que podía pero, a partir del segundo año, pusimos una pequeña entrada por 9 euros para las obras de adultos y 6 para las infantiles.

Allí comenzamos "5Gays.com" una obra que seguro que a alguno os puede sonar.

Aprovechando el éxito de los monólogos que Globomedia movía por los escenarios de medio país con "5Hombres.com" y "5Mujeres.com", un director huruguayo escribió una obra donde un grupo de 5 amigos homosexuales celebraban la despedida de soltero de uno de ellos que se iba a casar... con una mujer. Ese es el resumen muy escueto. La obra gustaba tanto que se hizo el boca a boca hasta llenar la sala cada noche (tampoco era muy difícil, era 100 butacas) y, posteriormente, unos productores vieron el tirón comercial y la compraron. Resultado: nos mandaron a todos a la calle y contrataron a actores conocidos.

No sólo estudiaba en la escuela por las tardes y hacía teatro los fines de semana, para llegar a fin de mes tuve que trabajar en Telefónica unos meses y, en los ratos libres, como promotor en diversos eventos. Años duros, la verdad, que dejaban poco tiempo para la familia, los amigos y la pareja.

Acabé agotado. Me pudo ese ir y venir de un lado a otro y fué la primera vez que me venció la ciudad, Madrid, uno de mis grandes enemigos. Por eso tomé una decisión, lo dejé y me volví al pueblo a intentar algo más "normal".

Dos meses aguanté. Dos meses en que lo único que hice fue un cursillo de páginas web, con la idea de sacarme un dinero extra creando páginas a quién le hiciera falta. No es que no quisiera haberme quedado, es que siempre voy al contrario... o la vida me va al contrario a mí, no lo tengo claro; el caso es que a los dos meses me llamó un buen amigo, al que ya hace demasiado que no veo y que estaba en un grupo de teatro infantil, y me dice que buscan gente. "Nene, me volví al pueblo, no me apetece ir a Madrid a un casting".

De esa época recuerdo a mi madre diciéndome "si es lo que quieres lo tienes que intentar". Autobus para arriba un buen día de junio sin maleta, ni siquiera un cambio de ropa, con intención de hacer la audición con el único propósito de "cumplir" con mi amigo y mi madre y que me dejasen en paz. Hago lo que puedo, salgo y antes de marcharme me dicen "¿tienes que hacer algo?", "no" respondo yo, "pues quédate por aquí cerca que te llamamos ahora"; y me fuí a un bar que había justo enfrente. Dos cervezas después me llaman, me dicen que estoy dentro y me citan unos días después para hacer la primera lectura de texto y los primeros ensayos.

El primer año allí hice lo que pude y lo seguí compaginando con más trabajos de promociones pero el sueldo, por llamarlo así, no daba para nada decente. Me enamoré de una compañera y, después de mucho trabajo (ella me decía esa frase que tanto daño a hecho a la sociedad de "mejor que sigamos siendo amigos"), la cosa mejoró y empezamos a salir. Ahí fué cuando decidí por primera vez en mi vida que necesitaba un trabajo "de verdad". Si queríamos hacer planes de futuro no podía mantenerme a duras penas como hasta entonces.

Si hay algo que me sobra es "morro". Empecé a mandar curriculum y a hacer un montón de entrevistas de trabajo y acabé de comercial de seguros en "Génesis", esos del erizo, mientras me daba la paliza de compaginarlo todavía con el infantil y las promociones de fin de semana. Es decir, por dejarlo claro, por las mañanas hacía teatro, por las tardes (de 15:00 a 22:00) iba a Génesis y, algunos sábados y domingos, me dedicaba a promociones de lo que saliese.

Hubo un momento en que me superó todo, un momento personal que me hizo meditar si todo eso merecía la pena, y cambié el chip. El infantil fue lo primero que cayó después de tres años en el grupo y, poco después, le llegó el turno a las "promos".

Seguía en el tema de los seguros donde, en el mejor mes, llegué a tener casi 1700€ entre el sueldo y las comisiones de ventas y, un bien día, sonó mi teléfono. Me llamaba un conocido con el que había trabajado y estudiado porque me necesitaban de cover en "5Gays.com"; el actor que hacía "mi" papel tenía otro trabajo con el que no podía compaginar la gira y fuí el "elejido" para cerrarla. Allí pude conocer y trabajar con Miguel Caiceo con el que hice una amistad que, por suerte, a día de hoy aún dura.

Yo vivía en Fuenlabrada junto a mi chica (los que seguís el blog desde el principio, la conoceréis) y la oficina de los seguros estaba en Alcobendas. Traducción: ochenta kilómetros diarios en coche de lunes a sábado. Aunque era un trabajo agobiante (quién haya trabajado en atención telefónica de una gran empresa, os dirá bien lo que es aguantar llamadas sin parar durante 7 horas al día) al principio de ganaba muy bien porque te pagban un plus mensual de 9 euros por cada póliza vendida. El problema es cuando "los de arriba" decidieron que era demasiado y bajaron el incentivo a 5€; no sabéis la estampida general que hubo en las oficinas de gente buscando un trabajo mejor.

Otros Posts